EN BUSCA DE JESÚS

PARA CONOCER A JESÚS Y ENTRAR EN INTIMIDAD CON ÉL Y CON SU MENSAJE DE SALVACIÓN

LA FE DE JESÚS

 

JESÚS, UN FIEL CREYENTE

Hay un tema que no solemos tocar cuando hablamos de Jesús, tal vez porque pensamos que siendo el Hijo de Dios, su relación con su Padre es totalmente distinta a la nuestra, y no involucra los elementos que en nosotros son absolutamente necesarios. Este tema es LA FE.

Sin embargo, la realidad es otra bien distinta. Como Jesús fue (es), un ser humano pleno y total, un ser humano con todo lo que ello implica y significa, es perfectamente claro, que su conocimiento de Dios, su relación con Dios, fue, en este mundo, totalmente semejante a la nuestra; y esto quiere decir, que tuvo que “creer sin ver”, sin que en su vida sucedieran acontecimientos extraordinarios que le facilitaran el camino, como sucede con el común de los seres humanos.

En este sentido podemos decir, que la fe fue para Jesús, como lo es para nosotros, un camino, algunas veces amplio, bien trazado e iluminado, y otras, las más, un camino tortuoso y estrecho, sumido en la penumbra. Los evangelios nos muestran con lujo de detalles, que Jesús no tuvo una vida hecha, como a veces imaginamos; una vida decidida hasta en los más mínimos detalles.

Jesús no vino a nuestro mundo con todo sabido. Jesús no vino a nuestro mundo con un conocimiento mayor del que puede tener cualquiera de nosotros. De haber sido así, es casi seguro que no le hubiera sucedido lo que le sucedió, en su búsqueda y realización de la Voluntad del Padre. No hubiera encontrado la oposición que encontró, ni el rechazo de que fue objeto, por parte de los jefes religiosos de su pueblo. No hubiera padecido lo que padeció, tan injustamente, ni hubiera muerto como murió, porque todo lo habría previsto y solucionado de antemano, de acuerdo con el propósito de su venida.

Sí. Aunque nos parezca extraño, Jesús tuvo que creer; Jesús tuvo que abrir su corazón a Dios para encontrarlo; para sentirlo como un Padre amoroso y tierno; para escuchar su voz. Tuvo que cerrar los ojos y los oídos a muchas cosas que veía y oía, para confiar en Él, para ponerse en sus manos totalmente, para dedicar su vida entera a la búsqueda y realización de su Voluntad salvadora.

go810Como hombre perfecto, como ser humano a carta cabal, Jesús fue dueño de su vida y de su historia – como lo somos también nosotros -, y en este sentido podemos decir que ésta fue producto, no de la simple conjugación de sucesos, determinados de antemano, sino, de un modo muy especial, el resultado de sus acciones y decisiones, libres y voluntarias. Nos lo indica él mismo en el Evangelio de Juan, cuando afirma: “Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre” (Juan 10, 18).

Jesús creyó con una fe firme y profunda, una fe que fue creciendo y desarrollándose poco a poco, como crece y se desarrolla nuestra fe, a partir de las enseñanzas y el ejemplo de nuestros padres, cuando somos niños, y más adelante, por decisión propia, en la relación íntima y constante con Dios en la oración.

Jesús creyó con una fe humilde y perseverante, que lo hizo capaz de descubrir la Voluntad de Dios para con él, en los acontecimientos que iban sucediéndose alrededor suyo, y que poco a poco iban configurando su misión, y mostrándole el camino por el que debía transitar.

Jesús creyó con una fe profunda y valiente, que lo capacitó para enfrentar las circunstancias más difíciles, con la certeza de que Dios Padre estaba con él, fortaleciéndolo y acompañándolo.

Jesús creyó con una fe sencilla y generosa, que le permitió entregarse totalmente a Dios y a su plan de salvación de la humanidad entera, y realizarlo con lujo de competencia. Sólo la claridad de pensamiento que da la fe, puede explicar que Jesús haya sido capaz de penetrar en el conocimiento de Dios y de su amor por nosotros, como lo hizo, y también que haya podido expresarlo con tanta contundencia y claridad.

crucifixiónSólo la fortaleza de espíritu que comunica la fe, puede explicar que Jesús haya sido capaz de enfrentar con tanta dignidad, las falsas acusaciones que le hicieron en los juicios del Sanedrín y de Pilatos, y que siendo inocente haya aceptado hacerse o parecer culpable, en perfecta obediencia y absoluta coherencia.

Sólo la seguridad que da la fe, puede explicar que Jesús haya sido capaz de entregar su vida en la cruz, por nosotros, con tanta serenidad, con tanta paz, con tanta mansedumbre, y a la vez, con tanta decisión, en medio de intensos y profundos dolores físicos y espirituales.

Pidamos a Jesús que nos enseñe a creer de verdad, como él creyó, y que fortalezca nuestra fe cada día, para realizar con amor, lo que Dios quiere que hagamos, para vivir como quiere que vivamos.

 

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