EN BUSCA DE JESÚS

PARA CONOCER A JESÚS Y ENTRAR EN INTIMIDAD CON ÉL Y CON SU MENSAJE DE SALVACIÓN

EN BUSCA DE JESÚS

El Evangelio según san Mateo (16, 13-20) nos cuenta, que en una ocasión, estando Jesús solo con sus discípulos, aprovechando el momento de camaradería que estaban viviendo, les hizo una pregunta :    

– ¿Qué dice la gente de mí?… ¿Quién dicen que soy yo?

Los discípulos, que seguramente habían escuchado muchas opiniones distintas entre sus allegados, y también de las personas que con frecuencia se les acercaban, le respondieron inmediatamente:

– Unos dicen que eres Juan el Bautista (que resucitó de entre los muertos); otros que eres Elías, (que según la tradición debe volver); y otros aseguran que eres Jeremías o alguno de los antiguos profetas de Israel.

Jesús escuchó sus respuestas sin hacer ningún comentario, pero para comprometerlos directa y personalmente, los interrogó de nuevo:

– Y ustedes que han estado conmigo desde hace ya un tiempo, ¿quién dicen que soy yo? .

El episodio continúa en el relato evangélico, pero vamos a dejarlo aquí, para hacer una reflexión.

Seguramente, cuando los discípulos escucharon al Señor, se miraron sorprendidos sin saber33760310KpoYUK_ph qué contestar, porque aunque habían caminando a su lado escuchando sus palabras, viendo cómo se comportaba con las personas que se le acercaban, particularmente los enfermos, las mujeres, los niños y los que eran tenidos por pecadores, y habiendo sido además testigos directos de sus milagros, aún no tenían una idea muy clara de él. Sentían que Jesús los atraía profundamente, que a su lado todo era especial, que la vida se podía mirar con otros ojos, que su bondad saltaba a la vista de todos, que su confianza en Dios era ilimitada, pero no eran capaces de definirlo, de decir en una frase concreta y determinante lo que veían, pensaban, y sentían en su corazón.

Es lo mismo que nos pasa a muchos cristianos de hoy y de todas las épocas de la historia. Nos identificamos como cristianos, es decir, como seguidores de Jesús, el Cristo, el Ungido de Dios, pero no lo conocemos realmente, no sabemos a ciencia cierta quién es, ni por qué lo seguimos. Tenemos claros unos cuantos datos de su vida en el mundo, recordamos literalmente algunas de sus palabras, según nos las transmiten los evangelios, y podemos referir algunos de sus milagros, pero no hemos penetrado en su intimidad, no hemos llegado al fondo de su mensaje, no somos capaces de experimentarlo, de sentirlo, de descubrir su presencia constante a nuestro lado, de amarlo con todo el corazón en las personas que viven con nosotros. En suma, nuestra fe en Jesús, y por lo tanto nuestra relación con él, son superficiales y muy pobres.

Por eso esta pregunta de Jesús a sus amigos más cercanos, es también oportuna parjovenesa nosotros hoy. “¿Quién dices tú que soy yo?”, nos pregunta Jesús a cada uno, 2.000 años después de haberlo hecho a sus discípulos:

  • ¿Quién soy para ti… Carolina, Adriana, Lucía, Alejandro, Jaime, Sebastián, Juanita, Marta, Alfredo…?
  • ¿Qué lugar ocupo en tu vida…  en tu estudio, en tu trabajo, en tu familia, en tus diversiones…?
  • ¿Qué dice a tu corazón de niño, de joven, de mujer, de anciano, de profesional… lo que proclaman de mí los evangelios?…
  • ¿Estás interesado o interesada en profundizar tu relación conmigo?…
  • ¿Represento para ti algo especial, o me tienes en cuenta simplemente porque soy parte de la tradición de tu país, de tu familia… y nada más?…
  • ¿Crees que conmigo tu vida es más feliz, o que, por el contrario, yo soy un obstáculo para ti, alguien que te limita en lo que eres y en lo que haces, y que no te deja buscar lo que realmente deseas?…

Te confieso que, personalmente, esta pregunta de Jesús, se ha constituido en un reto para mi vida, y me impulsa constantemente a buscarlo, a tratar por todos los medios a mi alcance, de penetrar con mi inteligencia y mi corazón, en su hondo y sublime misterio, guiada, claro está, por la luz de su Espíritu Santo a quien invoco con insistencia, porque como dice San Pablo, en su Prmiera Carta a los cristianos de la ciudad de Corinto: “Nadie puede decir: ¡Jesús es Señor!, si no es por el don del Espíritu Santo” (1 Corintios 12, 3b).

Te invito muy cordialmente, para que en este nuevo año que Dios nos ha regalado, este sea también tu reto, y te empeñes, de una manera especial en conocer de verdad a Jesús, en entrar en su intimidad, en dejarte penetrar por su amor y por su bondad, por su verdad y su gracia, por su palabra que enseña, que sana, que libera y que salva.

Tu vida entera crecerá; sentirás la fuerza de su presencia a tu lado, acompañándote, en cada circunstancia alegre o triste, en cada triunfo y en cada derrota. De esta manera, la paz, su paz, que es la única paz verdadera y durable, llenará tu corazón, dando sentido pleno a tu vida y abriéndola a la esperanza.

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